El Substack de Lilith

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De querer ser “that girl”, a disfrutar mi flop era

El doomscrolling me hizo odiarme, pero también amarme de nuevo

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Lilith Takahashi Masso
sep 04, 2025

Hola, gracias por estar aquí ✨
Este es mi primer post en Substack y quiero compartirles cómo logré quererme en mi flop era. Este texto nació de una etapa donde sentía que todo lo que había construido se estaba desmoronando. Pasé meses haciendo doomscrolling, odiándome y tratando de convertirme en “that girl” para salir de mi miseria autoinfligida.

Spoiler: solo tuve una crisis nerviosa😮‍💨.


Este año, todo lo que me era familiar se volvió sofocante: mi trabajo, mi entonces pareja, mi casa, incluso mis amistades de décadas. Hasta entonces había sido pragmática, activa y consciente, alguien que destacaba en lo que hacía. Pero de pronto la red que antes me daba seguridad empezó a punzarme y cortarme.

Así que lo rompí todo. Dejé mi trabajo, terminé mi relación, me independicé y me deshice de cada certeza que tenía. Después de años de acumular logros, me encontré vacía, sin nada a lo que aferrarme. Incluso pensé en hacer una maestría solo para reconfortarme al volver a sentir las palmaditas en la espalda que la academia da.

Pero una crisis nerviosa me forzó a ver mi realidad: estaba demasiado deprimida como para pasar un día sin mis 12 horas en línea y mi siesta de mínimo tres horas.

Busqué culpar a Mercurio retrógrado por todas mis malas rachas y decisiones precipitadas, encontrar respuestas de cómo amarme de nuevo en el oráculo y también en lecturas de tarot gratuitas en lives de TikTok. Pero la señal más desgarradora la recibí tomando un affogato con mi prima cuando me dijo:

“No te olvides de intentar disfrutar el proceso en el que estás moviéndote de la persona que eras a la persona que quieres ser.”

Sin querer me dijo, “aprende a amar también tus versiones más rotas”, pero yo lo entendí como: “empieza a vivirte a pesar de la inconformidad”.

Siempre he vivido esperando grandes momentos que me hagan sentir valiosa o emocionada: viajes largos, nuevos trabajos, nuevas parejas… Pero con o sin esas eventualidades, esta siempre es mi vida. Necesito vivirme y encontrar el placer de ser, incluso estando profundamente perdida y rota.

Gracias a ese consejo, caí en cuenta de que llevaba meses dejando mi vida pasar haciendo doomscrolling y decidiendo si este verano me iba a convertir en “star girl”, “that girl”, o si abrazaría mi verdadera esencia: “bed rot core”. Culpando a TikTok por hacerme creer que cuando mi lóbulo frontal se desarrollara, todo caería en su lugar. Sí fue así, pero las cosas no cayeron donde esperaba. La única que cayó y se quebró fui yo.

Días después, alrededor de mi hora 6 pegada al celular, autoasqueada y empezando a notar la incómoda posición en la que había tenido mi cuerpo durante las últimas horas, por fin me pegó un segundo de lucidez…

¿Cómo podía estar pensando en volver a ser “that girl” cuando la depresión ni siquiera me dejaba recordar si había comido?

¿Cómo empezar a poner en práctica el “lucky girl syndrome” sintiendo que había perdido todo mi valor?

¿Cómo pretendía encontrar las respuestas profundas de la vida en videos de menos de 1 minuto que intentan explicar cómo deformarte para ser amada sin parecer “clingy”, cómo ser “low maintenance” invirtiendo un día completo en arreglar tus imperfecciones, y, claro, cómo convertirte en un delicioso producto desechable?

Gracias a ese golpe de autoconsciencia y autocringe de llegar a mis veintes tardíos intentando achicarme y deformarme para ser más digerible, pude dar un paso atrás y recalibrar. Recordé la importancia de resistir. Que estoy cayendo completamente en el juego patriarcal, deprimiéndome por no sentirme suficiente o creyendo que un baby botox podrá darme contención.

Hoy entiendo que las respuestas —al menos las profundas— no están disponibles en mi algoritmo, ni en la promesa de una versión perfecta de mí. Están en la experiencia, en la poesía, en el arte, y en la incomodidad misma de ser humana.

Todavía no soy la persona que me gustaría llegar a ser, pero empiezo a quererme en esta versión imperfecta y falible. La felicidad no nace de adoptar una personalidad prefabricada, sino de atreverme a habitar mis contradicciones, mi incomodidad y mi dolor.

Al final, no se trata de convertirme en “that girl”, sino en alguien capaz de sostenerse incluso cuando está rota. Y quizá ahí, en ese proceso torpe y caótico, ya haya una verdad más auténtica y profunda de la que buscaba.


Si llegaste hasta aquí, gracias por leerme 💌. Me encantaría leer tu opinión, especialmente si tú también te has sentido como yo.

Con cariño, not “that girl”
Lilith ✨

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